


El Deporte y el Hombre
Autor: admin
Los hombres NECESITAN hacer deporte, pero TIENE QUE SER con amigos y en horarios bien incómodos para el movimiento familiar.
Los casados ya tienen prescripción médica, los solteros hacen todo el deporte que pueden, mientras no estudian, trabajan y salen sin la novia… hacen deporte. En este caso… escribo sobre el más difícil de soportar: El casado (cuando era soltera puteaba pero de última aprovechaba para depilarme, encremarme, acostarme temprano o salir con amigas…) Ya no. Qué congoja. Ya no.
Se acerca la hora de su “entrenamiento físico” recomendado por el cardiólogo la última vez que le dolió la picadura de un mosquito en el brazo y “él” creyó estar ante la antesala del infarto que lo llevaría a una muerte segura. Este síndrome se agudiza cuando tenés más de un hijo. Imaginate que para un padre; dos hijos y una esposa es demasiada responsabilidad, lo que les produce unos niveles de stress intensísimos, por eso apenas sienten una cosquilla en el pecho o un dolorcito en el brazo salimos todos corriendo. (Después el médico llega a la conclusión de que el dolor que tenía no era nada frente al kilo y medio de milanesas que ingirió durante la semana, los tres vasos de whisky, la docena de facturas del domingo, la pizza y media, y el asado “padre” de anoche con los compañeros de trabajo; más los siete tubos de vino que tomaron entre cuatro.)
Como toda previa, el “antes” del partido pedorro de fútbol, requiere de mucha concentración, y del armado de un bolso enorme con todos los peines que haya en la casa –entre otros miles de cosas- y tus toallas más nuevas, las cuales probablemente no vuelvan. Porque se las va a olvidar, y si vuelven (igual) tiralas.
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Autor: admin
Tengo 35. Lo pienso antes de escribirlo porque pierdo la cuenta muy fácilmente. Ayer tenía 27. Y no sé en qué momento fue, que cumplí un año tras otro y acá estoy. Cerca de los 36. ¡Qué lo parió!
¿Habré cambiado tanto?. No creo. Salvo por mi delantera averiada, mi cintura desaparecida y mi parte de atrás cansada de crecer y decrecer luego de un par de hijos… estoy igual.
No, claro. No estoy igual, estoy hecha mierda. De la resistencia física ni hablemos.
No importa, de adentro estoy igual. Un poco menos inocente quizás. Con más experiencia, seguramente. Menos paciencia. Menos vista. Bueno, la vista es un tema físico, así que no cuenta.
Me quiero concentrar en lo que aumentó dentro de mí. Lo que creció, lo que suma. (No, la panza no, eso es físico también).

