


La mujer y la plancha – un capítulo aparte
Autor: admin
Planchamiento: Dícese de la ciencia que estudian las mujeres al momento mismo de partir del nido familiar y emprender vuelo, -con suerte- para vivir solas, y sino, para formar una familia, que requerirá de ropa en condiciones de ser vestida. Actividad auto enseñable. Únicamente para hábiles autodidactas, aunque las que no planchan son aún más hábiles: pagadoras de planchador/a. Ojalá sea con el dinero del propietario de las miles de camisas, motivo del problema en cuestión.
No creo que alguna de Uds. planche porque le enseñó su madre ni porque le guste… salvo las que pasaron ampliamente los 50… el resto lo dudo! Por eso para la plancha un capítulo aparte…
A nuestras madres les enseñaron a planchar con almidón, y la ropa se lavaba a mano. Lavaron y plancharon abnegadamente nuestros pañales de tela inundados de desechos industriales producto de las papillas de hígado y verduras que con tanto ahínco nos hacían comer.
leer comentarios (1)El Deporte y el Hombre
Autor: admin
Los hombres NECESITAN hacer deporte, pero TIENE QUE SER con amigos y en horarios bien incómodos para el movimiento familiar.
Los casados ya tienen prescripción médica, los solteros hacen todo el deporte que pueden, mientras no estudian, trabajan y salen sin la novia… hacen deporte. En este caso… escribo sobre el más difícil de soportar: El casado (cuando era soltera puteaba pero de última aprovechaba para depilarme, encremarme, acostarme temprano o salir con amigas…) Ya no. Qué congoja. Ya no.
Se acerca la hora de su “entrenamiento físico” recomendado por el cardiólogo la última vez que le dolió la picadura de un mosquito en el brazo y “él” creyó estar ante la antesala del infarto que lo llevaría a una muerte segura. Este síndrome se agudiza cuando tenés más de un hijo. Imaginate que para un padre; dos hijos y una esposa es demasiada responsabilidad, lo que les produce unos niveles de stress intensísimos, por eso apenas sienten una cosquilla en el pecho o un dolorcito en el brazo salimos todos corriendo. (Después el médico llega a la conclusión de que el dolor que tenía no era nada frente al kilo y medio de milanesas que ingirió durante la semana, los tres vasos de whisky, la docena de facturas del domingo, la pizza y media, y el asado “padre” de anoche con los compañeros de trabajo; más los siete tubos de vino que tomaron entre cuatro.)
Como toda previa, el “antes” del partido pedorro de fútbol, requiere de mucha concentración, y del armado de un bolso enorme con todos los peines que haya en la casa –entre otros miles de cosas- y tus toallas más nuevas, las cuales probablemente no vuelvan. Porque se las va a olvidar, y si vuelven (igual) tiralas.
Crónica de un día cualquiera
Autor: admin
Esta es la crónica de un día cualquiera… o de dos días… en realidad no sé bien donde empieza uno, porque nunca sé donde ha terminado el anterior…
Papá de viaje. El hermanito tiene 2 meses, (le decimos Chino, por orden de su hermana mayor). Hace una semana nació un primito nuevo, y el domingo un amiguito íntimo, más las mellizas de la doctora amiga de Mica.
Celos a 353.500 r.p.m. (Revoluciones por minuto, como la aguja esa del tablero del auto que da vueltas y no sabes para qué cuernos…)
3 a.m. Preparé mamadera para Bachi. (Bachi: autodenominación de Micaela.)
3:30 a.m. Le di la teta derecha al Chinito. Tomé agua del pico.
3.50 a.m. Charla de madre a hija. Mi vida, es hora de descansar.
Bienvenidos
Autor: admin
Las mujeres de este siglo somos aquellas que rompimos con las cadenas del sometimiento, del machismo, y en la posmodernidad gozamos de los enormes beneficios de ser libres para elegir nuestra vocación, ser profesionales, madres, esposas, y hacer un culto de la amistad.
Sin embargo, en ese camino libre y a merced de nuestra voluntad, a menudo nos encontramos atrapadas (no sabemos cómo) en el disfraz de la mujer maravilla… sin poder salir.
Hacemos. Porque las mujeres somos hacedoras. Queremos ser perfectas, hacer todo perfecto, satisfacer nuestros deseos, y que los demás nos vean como nos queremos mostrar: perfectas.
Quizás ha llegado la hora de reconocer, queridas amigas, que la mujer perfecta que nos venden NO EXISTE, que tenemos que tratar de aprovechar esta vida terrenal, para amar todo lo que podamos, hacer felices a los que amamos nos dará también felicidad, y ser tan santas como podamos.
Yo, (la mujer que les escribe) sé que no soy ninguna santa, pero tengo la certeza de que a eso tenemos que apuntar los hombres: a ser santos.
Cristianos o no, todos deberíamos optar por el bien frente al mal, y aún si no llegamos a ser santos, trataremos de ser tan buenas personas como podamos.

