


Gracias a Dios por ellos
Autor: admin
Así como las mujeres sufrimos los embates posmodernos en nuestra vida cotidiana, padeciendo esta situación incesante de ser la que resuelve, se ocupa de mil y una cosas a la vez, debo reconocer que gracias a Dios, tenemos a nuestro lado una generación de hombres que luchan a diario por transformar su naturaleza machista, y logran con bastante éxito ser un nuevo modelo de compañeros.
Antes, la mujer era la sombra del hombre que le había tocado en suerte, (literalmente: era una sombra!) y hoy ambos somos compañeros de ruta de un camino elegido, tratando de repartir obligaciones y responsabilidades con una mirada diferente de la realidad vivimos, que mucho dista de lo que hemos vivido como hijos.
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Autor: admin
Las mujeres de este siglo somos aquellas que rompimos con las cadenas del sometimiento, del machismo, y en la posmodernidad gozamos de los enormes beneficios de ser libres para elegir nuestra vocación, ser profesionales, madres, esposas, y hacer un culto de la amistad.
Sin embargo, en ese camino libre y a merced de nuestra voluntad, a menudo nos encontramos atrapadas (no sabemos cómo) en el disfraz de la mujer maravilla… sin poder salir.
Hacemos. Porque las mujeres somos hacedoras. Queremos ser perfectas, hacer todo perfecto, satisfacer nuestros deseos, y que los demás nos vean como nos queremos mostrar: perfectas.
Quizás ha llegado la hora de reconocer, queridas amigas, que la mujer perfecta que nos venden NO EXISTE, que tenemos que tratar de aprovechar esta vida terrenal, para amar todo lo que podamos, hacer felices a los que amamos nos dará también felicidad, y ser tan santas como podamos.
Yo, (la mujer que les escribe) sé que no soy ninguna santa, pero tengo la certeza de que a eso tenemos que apuntar los hombres: a ser santos.
Cristianos o no, todos deberíamos optar por el bien frente al mal, y aún si no llegamos a ser santos, trataremos de ser tan buenas personas como podamos.

