Esta nota fué publicada el Miércoles, noviembre 16th, 2011 a las 17:45 pm y esta archivada en Opinión femenina. Podés seguir su desarrollo con RSS 2.0 . Dejanos tu comentario , o respuesta.


Lo que quiero es Ley
Un indicio claro del perfil del hombre posmoderno, es que debe estar abierto a incorporar nuevas realidades. Tener la mente abierta y adaptarse a nuevas tendencias en todos los aspectos, en su vida laboral, afectiva, social, etc. Esta es la manera en que muchas personas eligen desempeñarse en sus relaciones interpersonales, y eso se traduce en: "ser tolerante y respetuoso". Ser libre, y dejar que los demás lo sean.
El peligro de esta situación es que la línea entre tolerar que el otro haga lo que quiera por respeto, y tolerarlo porque sinceramente no me importa nada de lo que al otro le pase, es extremadamente delgada. Y en virtud de esa tolerancia, Argentina modifica sus leyes, y pone en duda la Constitución Nacional entera, sin que gran parte de la sociedad se inmute, escondida detrás de un falso respeto por las opciones ajenas.
Parece que hoy todo debería darnos lo mismo, y que “libertad” significa que cada cual haga lo que le plazca, pero el enorme riesgo está en dejar de reflexionar, de pensar en los demás, no tomar ningún compromiso ni adoptar valores que no sean negociables en nuestra vida.
Aunque hay quienes están a favor con argumentos que uno puede compartir o no, pero habiendo analizado sinceramente las cosas a conciencia, hay quienes directamente están a favor de las nuevas leyes por default, sin pensar demasiado. Y pareciera que si uno no está de acuerdo con el matrimonio gay, con el aborto legal, con el cambio de género o la “naturalización de géneros nuevos”, (entre miles de topics que se discuten actualmente) es un retrógrado. Un violador de derechos y libertades ajenas. Un extremista. En definitiva: una mala persona.
Me tomo el atrevimiento de afirmar, que muchos de quienes no estamos a favor de todas o alguna de estas leyes que pide parte de nuestra sociedad, podemos opinar desde un lugar que tiene algo diferente, que no se ve reflejado en los debates televisivos, ni se lee en las páginas de los diarios.
Muchos de nosotros, cuando pensamos en estos temas, lo hacemos poniendo amor en esto, porque no luchamos por algo para nosotros mismos. Y justamente por eso, expresarnos en este sentido nos cuesta mucho porque no encontramos tanto cariño de parte de quienes opinan lo contrario, lo cual lejos de hacernos callar, aumenta nuestro compromiso, que es desinteresado de ambiciones personales. Podríamos no opinar, podría darnos lo mismo, y cuadraría con la descripción cool del hombre o de la mujer de hoy, que es tan abierto.
Por supuesto siempre hay personas que no nos representan bien, y que levantan el dedo exponiendo sus prejuicios, y opinan desde un lugar de superioridad aparente, pero gracias a Dios, no todos son así. Por eso los que pensamos en estas cuestiones con el corazón en la mano: también opinamos. Porque no nos da lo mismo, porque el otro nos importa. Desde una mirada que no discrimina, sino que intenta comprender la situación del que sufre. Sinceramente.
No somos quién para juzgar ni discriminar a nadie, no importa a quien ame, que religión profese, o qué le guste hacer de su vida. Pero sí hacemos uso de nuestra libertad para pensar en qué valores elegimos para vivir, y cuál es nuestra opinión cuando se discute el nuevo marco legal que toda la sociedad debería seguir respecto de algunas cuestiones.
La tolerancia hacia las nuevas identidades sexuales y las conductas sexuales libres de ataduras y de estructuras tradicionales, son algunos de los temas de mayor influencia en la era posmoderna, el estar a favor o en contra de estas opciones es lo que –para muchos- define “cuan abierto” es uno.
Pero esto no debería interpretarse de esta manera, pareciera que si no se está de acuerdo con el matrimonio gay es porque no se tolera a los homosexuales, o que si uno está en contra de legalizar el aborto, es porque califica de alguna manera a la mujer que decide abortar. Cada uno PUEDE elegir lo que quiera hacer, y todos son dignos de respeto, pero las elecciones de las personas sobre su intimidad y su vida privada, no deberían ser el hilo conductor de las modificaciones legislativas. Que uno no discrimine las relaciones múltiples no hace que un matrimonio de tres personas deba ser legalizado, o que le tenga respeto a una mujer que aborta, no hace que en el aborto su hijo no muera.
Hoy; si uno nace con un género determinado, puede elegir cambiarlo y solicitar un DNI con su nueva identidad y género elegidos. Hay quienes interpretan esto como un gran avance. Para otros, esto significa avalar el desconcierto, hacer culto a las confusiones respecto de la identidad, nada más y nada menos. Los que avalan institucionalmente estos cambios, ¿lo hacen por respeto y por haberse interiorizado en la historia de las personas y consideran que es necesario legalizar la libre elección de género o porque queda bárbara la foto con el DNI y la nota en la tapa del diario y les importa un cuerno lo que la persona vivió, vive y vivirá?.
Si dos hombres o dos mujeres se enamoran, no somos quienes para interpelar ese amor (que muchas veces es más comprometido que el de muchísimos heterosexuales). Pero ¿da lo mismo que un matrimonio lo formen un hombre y una mujer, o dos hombres o dos mujeres? Creo que no. (Ver Todo que Si )
Hay parejas que eligen ser swingers, hay quienes forman relaciones de más de dos personas. Los respetamos, pero: ¿Eso quiere decir que deberíamos estar de acuerdo con matrimonios “dobles” o de tres integrantes?.
Tener un hijo es un derecho de las madres, ¿como también lo es interrumpir un embarazo? ¿Verdaderamente les da lo mismo que las mujeres tengan a sus hijos o firmen un papel para permitir que los maten? ¿O es que les importa un pito lo que a esas mujeres les pase el día de mañana?. ¿Alguien piensa en el dolor que muchas de ellas llevarán en el alma toda la vida? Están en la disyuntiva, pueden elegir entre los derechos de las mujeres, y los derechos de los nonatos. ¿Se piensa en todos los derechos de la mujer en cuestión o sólo se satisface una necesidad concreta sin pensar en las demás consecuencias que tendrá para su vida? Con los derechos de los padres de esos bebes… ¿qué piensan hacer? A mí no me da lo mismo, y además de pensar en todos esos bebés que nunca nacerán, con sólo una mujer que en el futuro se arrepienta de haber abortado “legalmente”, toda una sociedad tendrá que afrontar su responsabilidad ante este tema, y asumir su culpa por haber “respetado sus libertades”.
A muchos les da igual, y piensan que cada uno puede hacer lo que quiera. “Si querés abortar hacelo legalmente y si no estás de acuerdo con el aborto: no abortes”. Ojo señores, eso no necesariamente es tolerancia. Eso es más de lo mismo, es de lo que la sociedad entera se queja: es el “no te metas”, es no jugársela por nada, es confundir la libertad con que todo dé igual, con vivir el hoy, como por inercia, no pensar en las consecuencias. Es “la libertad libre” de una sociedad caprichosa que pretende que todo cambie porque sí, “porque quiero”, como si esto fuera un sinónimo de progreso y de crecimiento. Pero podría ser un claro síntoma de inmadurez y el camino hacia una adolescencia eterna. Se puede estar a favor, se puede estar en contra. Pero no se puede mirar para otro lado. Después decimos que la ciega, es la justicia.
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