Subscribirse a Ninguna Santa


Publicidad






Peor que un día de mierda


baddayPeor que tener un día de mierda, es tener varios días de mierda. Las mujeres tenemos al menos un par por mes, a pesar de que nuestro entorno no llega a estructurar la vida en ciclos de 28 días, indefectiblemente en algún momento de ese corto período, el mal humor se apodera de nuestro ser, y recorre hasta los lugares más recónditos de nuestro cuerpo produciendo efectos no deseados y tomando por sorpresa a nuestro círculo íntimo de gente.

Así que gracias al SPM (síndrome pre-menstrual), estamos acostumbradas a padecer estos repentinos cambios que pueden convertir el día más soleado en una espantosa noche húmeda, calurosa, insoportable y con el cielo encapotado.

De todos modos, todo el mundo debe tener días que son una verdadera mierda. Hay quienes  suelen no hacerse cargo de sus malos humores, y se venden a sí mismos la imposible ilusión de que la vida fluye, todo está bien, y la energía siempre está balanceada. Pero habemos otras personas que –aunque nos cueste- terminamos aceptando que hay días en que no nos aguantamos ni a nosotros mismos.

Algunas nos llenamos de granos, otras tenemos picazones varias, o entramos en un pantano de irritabilidad severa, tanto que no soportamos ni que nos rocen.  Allí es cuando aparecen llanto e histeria, grito y “no me hablen”. Es cierto que nos ponemos insoportables, y generalmente lo terminamos admitiendo de una u otra manera, no sin un gran esfuerzo de por medio.

El mal humor (sacando al SPM de la escena) puede tener diferentes causas.

El clásico día de mierda es aquel en que te pasan TODAS. Se tapa la pileta de la cocina cuando está repleta de platos para lavar, pinchás una goma camino a una reunión bastante importante. Tu hijo se hace caca cuando estabas a punto de salir, vas hasta un negocio a cambiar algo que te encanta y no fabrican talle para vos, te dispones a cocinar lo que pensabas y te faltan la mitad de los ingredientes, corres como loco para llegar a una cita y te dejan plantado, ves en una vidriera con un 50% de descuento lo que compraste la semana pasada a precio de lista, perdiste los anteojos, te afanaron la billetera y por supuesto: pisaste mierda en la puerta de tu propia casa.

Los otros días de mierda, pueden desencadenarse por una tristeza, pueden arrancar de una pelea o un enojo con alguien, del famoso stress, del cansancio, de la falta de dinero, de problemas laborales, o simplemente de habernos encontrado con nuestro baúl de mierda (porque todos acumulamos cosas en uno de esos).

En el baúl de mierda podemos tener cosas muy personales y privadas que con suerte le confiemos a alguien muy especial, pero otras son comunes para todos: un par de “lo que no dije en su momento”, otros tantos pares de “yo sabía que me iba a pasar esto”, quizás algún “eso no lo perdonaré nunca” o seguramente varios “todo me sale mal”, también uno que otro “volví a caer en lo mismo de siempre” y los infaltables “que mierda hice para que me pase esto?!”.

Como tanta filosofía de la buena y profunda deja severas secuelas, al cerrar por unos días el baúl de mierda nunca tenemos demasiadas respuestas sino más bien: nuevas preguntas. Uno sueña con ver una luz blanca que no nos esté indicando el final del túnel sino el principio de un nuevo camino. Posiblemente si  logramos respirar hondo y serenarnos, podamos ir encontrando pequeños pasos para dar en firme, y si no llegamos a deshacernos de tanta mierda, al menos terminaremos el día sintiendo un mínimo alivio, que todo suma para seguir creciendo y mañana será otro día.

Todo muy lindo para el que lo lee, pero hoy a mi no me causa ni una puta gracia, porque mi segundo día de mierda consecutivo: recién comienza.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • del.icio.us
  • LinkedIn
  • Wikio
  • MisterWong
  • Reddit
  • Finclu
  • StumbleUpon


Deje su comentario