Subscribirse a Ninguna Santa


Publicidad






Más dioses que el mismo Dios


Qué será lo que nos pasa, a la generación nacida en los 60′s y 70′s en Argentina. Será solo una característica nuestra o es una cuestión global, tan global y tan poco equitativa como la misma globalización…

Los treintones y cuarentones de esta década, en general decimos que creemos en Dios, que no practicamos la religión porque no creemos en la Iglesia, en los hombres… pero por otro lado necesitamos imperiosamente endiosarnos a nosotros mismos y demostrar que todo lo podemos. Que el éxito nos pertenece, que la vida va y viene sin que nada nos afecte porque siempre "está todo bien". Qué mentira… que traición a nuestra propia conciencia.

No está bueno andar penando por ahí cuando uno tiene penas, pero ¿qué nos pasa?, que no somos capaces de aceptar las penas hasta que nos explotan en la cara, hasta que el cuerpo y la mente dicen: ¡basta!.

Y ahí sí, ya es tarde para analizar lo que nos duele, para charlarlo con algún amigo, para recibir un consejo de los viejos. Ahí (seguramente) la cagada ya está hecha, el problema está cerrado en una caja fuerte con una clave de 10 dígitos que no logramos recordar en algún lugar de nuestra conciencia.

Directo al psicólogo, al psiquiatra, médicos varios, reiki, yoga, control mental… no solo para resolver nuestra pena, sino para hacernos cargo de que somos personas. Seres humanos con nuestras limitaciones, no es que seamos "personas limitadas", sino que no somos Dios. Dios está en el cielo, y El sí que todo lo puede. Pero nosotros no. Y aceptarlo a El como el todopoderoso nos pone a nosotros en un lugar de pequeñez que al parecer nos incomoda.

Para un joven de mediana edad, hoy, aceptar que no se es Dios, es sinónimo de frustración. Sentirnos mortales nos deprime.

Aceptar que no puedo tener todo lo que quiero frustra, pero tenerlo también. No poder formar la familia que se desea parece que deja la vida trunca. Y formarla trunca otros de nuestros sueños. Tener éxito cuesta y no tenerlo también.

Nada parece conformarnos tan fácilmente… ¡cómo nos cuesta pensarlo seriamente! Nos da miedo llegar a la conclusión de que lo que tenemos BASTA. Que nos basta para ser felices. Que el único Dios es Dios y nosotros podemos avanzar en la vida en la medida que seamos conscientes de su grandeza y de nuestra infinita pequeñez.

Gracias a esa diminuta presencia nuestra a su lado, existe la posibilidad de su enorme e infinita presencia al lado nuestro. Cuando tan grandes nos sentimos nosotros, por nuestras vanidades, nuestras exigencias y esta mirada egocéntrica propia de nuestro tiempo, de algún modo, terminamos creyendo que este estado altruista de orgullo y vanidad cuando todo va bien, cuando el éxito acompaña, nos coloca "a la par" del mismo Creador.

Sentimos que El deja de ser grande para nosotros. Y algún día nos daremos cuenta de que no es así y en vez de verlo con buenos ojos, nos frustraremos de nuevo. Nos malcriamos tanto a nosotros mismos, que todo nos puede frustrar. Lo bueno y lo malo.

Si lográramos poder ver a Dios al lado, tan grande, y sabernos tan pequeños, un simple abrazo suyo nos abrumaría y nos haría sentir que con semejante Padre todo marchará bien, porque es El quien puede ocuparse de todo lo que escapa a nuestras manos.

Reconocerlo como Padre nos habilita la posibilidad de descansar en El y saber que existen muchas cosas que no podremos manejar, muchas otras que no entendemos, pero cuando lleguemos a El todo tendrá sentido. Como pasa con los padres en la infancia. O acaso ¿Nunca te dijeron: -"No, porque no. Ahora no lo entendes pero cuando crezcas vas a ver que esto es por tu bien y vas a estar de acuerdo conmigo"-?. Y el día que tuviste hijos lo entendiste TAN CLARO…

Nada mejor que ser un pequeño hijo de un enorme y afectuoso Padre, que todo lo disculpa y que todo lo puede.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • del.icio.us
  • LinkedIn
  • Wikio
  • MisterWong
  • Reddit
  • Finclu
  • StumbleUpon


Deje su comentario