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Gracias a Dios por ellos


Así  como las mujeres sufrimos los embates posmodernos en nuestra vida cotidiana, padeciendo esta situación incesante de ser la que resuelve, se ocupa de mil y una cosas a la vez, debo reconocer que gracias a Dios, tenemos a nuestro lado una generación de hombres que luchan a diario por transformar su naturaleza machista, y logran con bastante éxito ser un nuevo modelo de compañeros.

Antes, la mujer era la sombra del hombre que le había tocado en suerte, (literalmente: era una sombra!) y hoy ambos somos compañeros de ruta  de un camino elegido, tratando de repartir obligaciones y responsabilidades con una mirada diferente de la realidad vivimos, que mucho dista de lo que hemos vivido como hijos.

Una mujer que trabaja, que estudia, que se interesa por progresar y tiene su agenda repleta, seguramente tiene a su lado, un hombre en quien descansar, al menos de vez en cuando.

Quién hubiera dicho hace 50 años, que los hombres lavarían platos, ropa, cocinarían, harían compras en el supermercado, cambiarían pañales o calentarían una mamadera a las 3 de la mañana. No es que todos lo hagan, ni que todo el tiempo se ocupen de estas cosas. Pero es un gran paso en este proceso de cambios “a la fuerza” que la posmodernidad nos impone.

Tanto viene hablando el feminismo de la liberación de la mujer…  que de un momento a otro, una generación y media de mujeres se encontró con una carrera, un trabajo tan exigente como el de un hombre,  un esbelto cuerpo que seguir manteniendo, miles de amigas y relaciones personales, un gran provenir, el poder de decidir y resolver por sí misma ciertas cosas que le estaban vedadas… más todas las responsabilidades que acarreaba de sus generaciones pasadas, en general, relacionadas con la casa, la limpieza, el orden, la maternidad, el colegio de los niños, y la atención de la familia.

Nadie nos enseñó a nosotras como hacer todo junto, pero gracias a Dios, muchos de ellos están aprendiendo a dejar un poco el control remoto, olvidarse del sillón del living durante la tarde, y se va equilibrando esta sociedad matrimonial que tan distinta es a la de hace varias décadas.

Como si esto fuera poco, se esfuerzan por comunicarse, hacen lo imposible por entendernos y aunque muchas veces no lo logren, tratan de descifrar nuestro humor mirando el modo en el que abrimos los ojos al despertar.

Que las relaciones funcionen o no, los matrimonios duren o no… es otra discusión. Pero en este aspecto, los maridos están a la altura de las circunstancias. Nobleza obliga.

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