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Varios más que 30


30 añosTengo 35. Lo pienso antes de escribirlo porque pierdo la cuenta muy fácilmente. Ayer tenía 27. Y no sé en qué momento fue, que cumplí un año tras otro y acá estoy. Cerca de los 36. ¡Qué lo parió!

¿Habré cambiado tanto?. No creo. Salvo por mi delantera averiada, mi cintura desaparecida y mi parte de atrás cansada de crecer y decrecer luego de un par de hijos… estoy igual.

No, claro. No estoy igual, estoy hecha mierda. De la resistencia física ni hablemos.

No importa, de adentro estoy igual. Un poco menos inocente quizás. Con más experiencia, seguramente. Menos paciencia. Menos vista. Bueno, la vista es un tema físico, así que no cuenta.

Me quiero concentrar en lo que aumentó dentro de mí. Lo que creció, lo que suma. (No, la panza no, eso es físico también).

Aprendí muchas cosas… trabajo, manejo mi casa, no sé si servirá para mucho, pero ahí están mis nuevas habilidades: las laborales y lavar, planchar, cocinar, pagar cuentas, limpiar o hacer que otro lo haga.

Ahora soy más solidaria, ahí está. Eso. Bueno, en realidad hay más gente a quién ayudar que antes.

Soy más flexible, más accesible. Eso sí. Si, si. Mi marido dice que no. Bueno, no sé.

Soy madre. ¡Epa!. Una ciencia si las hay.

¡Ven que algo bueno sumé!. Denme tiempo, que ya se me va a ocurrir algo.

No, bueno, está bien, che.

Estoy más grande, nada es lo que era, las de cincuenta para arriba pensarán que soy joven, las de veintipico pensarán: Y… sí, querida, estás en el horno. Pero cuidadito veinteañeras que todo llega en la vida, y más rápido que lo que ustedes creen.

Y las de treinta, mis amigas, me entenderán, que un día me siento una reina porque bajé 500 gramos y al siguiente un escracho. Que no tuve la crisis de los treinta pero le tengo miedo al número cuarenta. Porque me parece un montón ahora, como me parecían un montón treinta cuando tenía veinte. Y llegó antes de lo esperado el cambio de década, y se suman los años como si fueran papas fritas Pringles, que te bajás el tubo en diez minutos.

Bueno, si llego exactamente como estoy a los cuarenta no está tan mal. Tampoco Araceli. Pero uno hace lo mejor que puede.

Y no escribo más porque me voy a poner a lloraaaaaaar.

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