Esta nota fué publicada el Martes, agosto 25th, 2009 a las 2:16 am y esta archivada en Opinión femenina. Podés seguir su desarrollo con RSS 2.0 . Dejanos tu comentario , o respuesta.


El Deporte y el Hombre
Los hombres NECESITAN hacer deporte, pero TIENE QUE SER con amigos y en horarios bien incómodos para el movimiento familiar.
Los casados ya tienen prescripción médica, los solteros hacen todo el deporte que pueden, mientras no estudian, trabajan y salen sin la novia… hacen deporte. En este caso… escribo sobre el más difícil de soportar: El casado (cuando era soltera puteaba pero de última aprovechaba para depilarme, encremarme, acostarme temprano o salir con amigas…) Ya no. Qué congoja. Ya no.
Se acerca la hora de su “entrenamiento físico” recomendado por el cardiólogo la última vez que le dolió la picadura de un mosquito en el brazo y “él” creyó estar ante la antesala del infarto que lo llevaría a una muerte segura. Este síndrome se agudiza cuando tenés más de un hijo. Imaginate que para un padre; dos hijos y una esposa es demasiada responsabilidad, lo que les produce unos niveles de stress intensísimos, por eso apenas sienten una cosquilla en el pecho o un dolorcito en el brazo salimos todos corriendo. (Después el médico llega a la conclusión de que el dolor que tenía no era nada frente al kilo y medio de milanesas que ingirió durante la semana, los tres vasos de whisky, la docena de facturas del domingo, la pizza y media, y el asado “padre” de anoche con los compañeros de trabajo; más los siete tubos de vino que tomaron entre cuatro.)
Como toda previa, el “antes” del partido pedorro de fútbol, requiere de mucha concentración, y del armado de un bolso enorme con todos los peines que haya en la casa –entre otros miles de cosas- y tus toallas más nuevas, las cuales probablemente no vuelvan. Porque se las va a olvidar, y si vuelven (igual) tiralas.
Vos atendes el teléfono y tomás el mensaje para “él”: que no quiere atender porque está a punto de irse, mientras cerrás la puerta de la cocina con un pie para poder escuchar lo que te dicen por teléfono, ya que en la habitación contigua “él” tiene la música a un volumen altísimo, que sólo toleraría Van Gogh después de cortarse la oreja. Con una mano abrís el microondas para sacar el té que estás recalentando hace una hora y media y nunca llegas a tomar, con la otra anotas, y antes de cortar te asomas por la ventana y le haces señas al amigo de “él” que lo pasa a buscar para el partido más importante del campeonato.
-¡Justo!- dice “él”.
-Si, claro, ¡Justo!- pensás vos. Justo antes de que te de una mano en algo, y lo suficientemente tarde como para que llegue pasadito el horario de la cena… con dos cervezas encima (al pedo el ejercicio), sin cenar y sin bañarse. Justo.
Fin de la historia: Ocupate del menú, dale de cenar a los chicos, bañalos, cambialos, entretenelos, y dormilos, prepará todo para mañana, comé sola, si tenés ganas bañate y sino: jodete, porque mañana a la mañana el baño va a ser un asco (acordate que viene sin bañarse) y no te olvides: de dejarle algo RICO de cenar… y no salchichas que las mete en el microondas y explotan manchando hasta el más pequeño y recóndito espacio de este amado electrodoméstico, allí donde ni siquiera entra la luz.
Tampoco “sólo ensalada”, ni sopa, que gastó muchas energías. No viene bien ni canelones, ni lasagna, ni pastel de papas. Demasiado pesado. Carne no porque calentada en el microondas queda gomosa y prender el horno a las diez y media de la noche ni da. ¡Vuelve tan cansado! Fideos y otras pastas nunca tiene ganas, el pollo le da mucha fiaca comerlo porque tiene tanto hueso… y deshuesado es una suela de zapato. No sé. Comprate una bola de cristal y dejale algo de comer querida…
2 Respuestas a “El Deporte y el Hombre”
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Martes 25 de agosto, 2009 a las 15:38 pm
La verdad es que me veo tan representada con tus palabras, pero las que ya cumplimos varios más que los 30, no solo vivimos esto con el marido sino que los hijos ya juegan en el plantel superior del club y no pueden faltar ni un solo día de los cuatro que tiene entrenamiento para no poner en peligro el puesto en primera que tanto costó conseguir.
Los años ya pasaron y las lesiones son muchas, con lo cual a todo lo ya expresado por vos, yo le agrego las bolsas con hielo que usaron a la vuelta de entrenamiento y luego de reposar en la rodilla, terminan de derretirse en el piso, dejando un charco.
En la cocina hay que caminar esquivando bolsos y botines con barro y contar hasta 400 antes de explotar al ver las bandejas con restos de comida que por supuesto no van al tacho de basura porque estan muertossssssss.
En fin la verdad es que cuando no los educas de chicos, a esta altura no tenés más remedio que hacer la vista gorda y seguir porque ante cualquier reclamo la respuesta por lo general es ¿ que pasa tuviste un mal día vieja?
Miércoles 9 de septiembre, 2009 a las 12:53 pm
No se como cai aca por Dios, paciencia mujeres, los hombres nos ponemos pesaditos a veces; pero para nosotros el royo es peor ya que nunca sabemos que carajo hacer para dejarlas conformes, ni hablar cuando se alunan. ¿Que desean exactamente? nunca lo sabemos!. Y bueno, es la vida, hay que bancarse mutuamente, lo importante es amarse. Besos